7 Árboles europeos que inspiraron los cuentos de hadas que conoces

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Europa es un continente que, originalmente, estaba cubierto en un 90% por densos bosques, de los cuales alrededor del 70% eran del tipo templado caducifolio: desde el norte de España y Portugal hasta el sur de Noruega y tan hacia el oriente como la ciudad de Moscú, en Rusia, fueron el ecosistema principal del continente, y como tal influyeron determinantemente en la cultura, tradiciones e idiosincracia de los pueblos del Viejo Continente.

No es de extrañar entonces que los famosos y tradicionales cuentos de hadas europeos hayan surgido dentro de un entorno hostil, cerrado e inexplorado para los seres humanos de la Edad Media, de cuyo folklore se nutrieron los grandes cuentistas del siglo XVIII como los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen. Para entender los peligros que acechaban bajo la densa copa de los árboles, te presentamos 7 especies dominantes de los bosques europeos y te decimos por qué hacian las florestas tan inhóspitas, enigmáticas y peligrosas.

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1. Abeto blanco

Abeto blanco
Es una especie de oyamel (como se les denomina a los abetos en México), una conífera siempre verde de hasta 45 m. de alto, y es el único nativo a la Europa caducifolia, en donde, junto al haya europea, forma extensos bosques en numerosas montañas como los Pirineos, los Cárpatos o los Alpes, así como en las tierras bajas desde el norte de Alemania y Escandinavia hasta Bielorrusia. Su densa sombra hace que ,muy pocos árboles puedan regenerarse bajo un bosque maduro de abetos blancos, y la oscuridad hacía de estas florestas refugio perfecto para delincuentes, asaltantes de caminos y proscritos durante la Edad Media, por lo que la mayoría de la gente evitaba a toda costa pasar bajo lugares en donde este abeto abundase.

2. Arce

Arce
En el continente existen tres tipos. El arce común o campestre (el más bajo de todos), el arce blanco europeo (el más abundante de todos), y el acirón o arce real (mostrado en la foto de arriba); son árboles poco comunes en los bosques europeos, presentes como individuos aislados o en pequeños grupos dentro de robledales, bosques mixtos de cañadas, barrancas y colinas bajas y, de forma menos frecuente, en hayedos y hayedos-abetales. Ninguno se aprovecha por su jarabe como sucede en Norteamérica oriental, pero su madera, desde la antigüedad, se ha utilizado por su gran calidad y tolerancia a los impactos en herramientas, muebles, astas y mangos para lanzas, espadas y hachas, así como en instrumentos musicales.

3. Haya

Haya
Existen varias especies de hayas en toda Norteamérica (de Québec a las montañas de Veracruz), Medio Oriente (de Turquía hasta Jordania e Irán), y el Extremo Oriente (China y Japón), pero en Europa sólo existe una especie: el haya europea (Fagus sylvatica). Este árbol es una de las tres especies de árboles nativos que constituye fácilmente alrededor del 30% de la madera en pie de la Europa caducifolia. Forma extensos bosques puros o mixtos donde es dominante, creando florestas sombrías, cerradas y húmedas con muy pocos arbustos o herbáceas anuales en el suelo. La oscuridad de los hayedos también los hacían refugios ideales para delincuentes y asesinos de todo tipo que buscaban evadir la justicia medieval, y lo siniestro de su paisaje alimentaba la imaginación y la superstición tanto cristiana como pagana de las gentes medievales, quienes los tomaban como moradas de trolls, duendes, monstruos, elfos y otras criaturas sobrenaturales. En contraste, dada la abundancia de sus hayucos o nueces en otoño, eran lugares frecuentados por cazadores furtivos que buscaban abatir venados y jabalíes para alimentar a sus familias, mientras que los porqueros llevaban sus piaras a los lindes de estos bosques para engordar rápidamente a los animales y obtener la máxima cantidad de carne y de embutidos para afrontar el invierno.

4. Roble

Roble
Existen sólo dos robles en toda Europa (frente a los 88 en E.U.A-Canadá y los 140 en México), pero ambos son, junto con el haya europea, los árboles más dominantes en estos bosques: El roble carballo (Quercus robur), el cual aparece en la foto de arriba, y el roble albar (Quercus petraea). Son habitantes de suelos rocosos de colinas y montañas bajas (éste último) o de valles y planicies con suelos arcillosos o de migajón-arcilla (el primero). Debido a que son florestas que dejan pasar bastante luz al piso del suelo boscoso, eran los preferidos para conducir las piaras de cerdos para forrajear en las bellotas, para cortar leña, o bien, para clarear a fin de abrir terrenos de pastoreo, para la edificación de villas y pueblos, o simplemente para despejar el terreno de visibilidad alrededor de los castillos. Fueron lugar de veneraciones y de prácticas paganas, pues estaban asociados al culto a Thor (o Donnar para los germanos), sin mencionar que en la tradición grecorromana eran símbolos de de Zeus-Júpiter. Quizá su mayor apertura de dosel así como alta deseabilidad como cotos de caza para la realeza y la nobleza los hacían malos lugares de refugio para criminales, pero en cambio abundaban en fauna peligrosa para el hombre como jabalíes, osos pardos, lobos y los uros, especie de gran res silvestre de largos cuernos, antecesor del ganado vacuno moderno, que existió en la Europa caducifoia hasta fines del siglo XVIII, por lo que la gente tampoco se adentraba mucho ni permanecía demasiado tiempo en los robledales; frecuentemente, y a diferencia del haya, se mezclan con otros árboles como arces, tilos, abedúles, fresnos, olmos, carpes y pinos.

5. Abedúl

Abedúl
Es un árbol pionero en la sucesión ecológica del bosque; es decir, al quemarse o desmontarse una sección de floresta, eventualmente los árboles que sólo pueden regenerarse bajo plena luz del sol recolonizan el lugar devastado, por lo que eran de lo más comunes al borde de aldeas, villas, feudos y castillos. También prosperan sobre los suelos más secos y pobres, generalmente en sustratos de arena. Los bosquecillos de abedules eran poco visitados por la población medieval, salvo para extraer su corteza o explotar su flexible y liviana madera para la construcción; algunos papiros y manuscritos de la época están hechos sobre corteza de abedúl.

6. Olmo

Olmo
Son árboles altos e imponentes, de hasta 43 m. de altura, y junto a hayas y robles constituyen el tercer dominante de los bosques europeos; generalmente predominan en tierras bajas, en pantanos, marismas, así como los bordes de ríos y lagos; el olmo de montaña (Ulmus glabra) es más frecuente en situaciones mésicas de altitudes medias, así como en cañadas y barrancas, generalmente asociado a robles, tilos, fresnos y arces. Sus bosques eran frescos por la densa sombra, además de que su gusto por el agua garantizaba acceso a la misma en forma de pozos y aguadas, así como la posibilidad de construir molinos, por lo que en la Edad Media solían ser talados para la construcción de villas, para construir edificios relacionados con el almacenamiento y el procesamiento de los cereales, así como para edificar viviendas, por lo que sólo en situaciones mixtas se evitaban las florestas de olmos.

7. Tilo

Tilo
En la Edad Media, (y hasta la actualidad) era un árbol muy codiciado por su valor en apicultura, pues las abejas fabrican una miel de sabor suave de alta calidad de sus blancas flores primaverales, y dado que se presenta en forma de individuos dispersos dentro de los robledales mixtos, el hombre medieval dejaba en pie los tilos luego de talar robles, arces o carpes. Otras veces, sin embargo, eran arrasados para abrir paso a campos de cultivo debido a que es un buen indicador de fertilidad del suelo y abundancia de agua en el subsuelo; la mayor parte de los tilares conservados están en situaciones de difícil acceso como cañadas o barancos, los cuales presentaban un relieve desfavorable para la agricultura y los asentamientos humanos; el tilo está presente más comúnmente en suelos de humedad media cafés o grises de alta productividad, en compañía de arces, fresnos, olmos y carpes. Está presente en muchos aspectos del folklore europeo medieval, como símbolo del amor cortés y de la buena fortuna, y la elevada cantidad de veces en las que es mencionado en canciones medievales del centro y el norte de Europa (como en las canciones escandinavas "Var Ulven" o "Linde so Grö") indican su gran abundancia y dominancia en las florestas europeas de la época; en dichas melodías el tilo es generalmente, visto como un refugio inútil y de poca eficacia ante los peligros sobrenaturales, naturales y humanos del bosque.
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