¿Por qué América Latina jamás formó una sola nación como E.U.A?

¿Por qué América Latina jamás formó una sola nación como E.U.A?
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América Latina, una entidad política-económica y socialmente definida como una unidad con miembros altamente parecidos entre si debido a numerosas coincidencias culturales y de toda índole gracias a su compartido pasado y origen ibéricos, jamás pudo consolidarse como una entidad política unida pese a las grandes similitudes de sus constituyentes. Dicha falla de unificación ha sido destacada por numerosos estudiosos y habitantes del subcontinente, especialmente por hispanistas, iberoamericanistas y latinoamericanistas.

En contraste, al norte de la región, estallaba la primera gran revolución liberal capitalista de la historia, y los Estados Unidos de América nacían para ocupar, anexar e integrar a tres quintas partes de Norteamérica en un solo estado-nación con poderosos vínculos económicos y sociales entre sus integrantes.

¿Por qué Latinoamérica no pudo constituirse como un solo país unificado? De haberlo hecho habría constituido la nación con mayor extensión territorial del planeta, así como la de mayores y más importantes recursos naturales. Por ello, te decimos por qué la integración latinoamericana falleció antes de haber nacido.

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1. Existencia de poderosas élites regionales con intereses en choque

Existencia de poderosas élites regionales con intereses en choque
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Prácticamente desde inicios del periodo colonial español y portugués, los diversos virreinatos iberoamericanos contaron con oligarquías regionales bien diferenciadas con intereses particulares que jamás hubieran tolerado ni permitido la competencia con otros grupos de poder por el control de los recursos naturales, productivos y humanos en cada reino de utramar. Así, lejos de promover la unión entre las colonias, cada élite aseguraba su poder regional formando repúblicas independientes bajo su propio dominio, despedazando la unidad política colonial.

2. Nunca hubo comunicaciones eficientes y unión de mercados

Nunca hubo comunicaciones eficientes y unión de mercados
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La economía virreinal era una mercantilista, regional, autárquica, monopólica y semi-feudal. Las vías de comunicación eran pésimas, muy limitadas y no conectaban el comercio y el transporte de personas ni entre todos los virreinatos ni entre todo el territorio de una colonia. Las rutas marítimas tampoco eran mejores, y se limitaban a unir sólo dos puertos entre si bajo un comercio de espectro muy limitado. En contraste, en los E.U.A los diversos estados y territorios que se iban sumando a la Unión eran casi inmediatamente conectados al resto del territorio nacional por caminos y vías férreas, uniéndolos al resto de la economía nacional por el comercio, el consumo y la concatenación de cadenas productivas.
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3. Latinoamérica fue un proyecto de saqueo, no de colonización

Latinoamérica fue un proyecto de saqueo, no de colonización
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Pese a que la región fue construida en buena parte por el asentamiento de hombres procedentes del Viejo Continente, en realidad fue un proyecto de extracción monopólica de rentas, así como una extensión del proyecto católico expansionista de los países ibéricos, por lo que sólo importaba el saqueo de sus recursos materiales y humanos a fin de financiar las guerras de religión y los lujos de una corte decadente que llevaban a cabo Portugal y, sobre todo, España. En contraste, los E.U.A surgieron como colonias de poblamiento en donde sus miembros pretendían replicar la vida que levaban en Europa, pero con muchas mejores expectativas socioeconómicas que en sus lugares de origen. Así, y libres de los monopolios de la metrópoli, pudieron unir un territorio bajo las promesas de libertad religiosa y de pensamiento, libre iniciativa empresarial, seguridad en sus bienes y prospección de enriquecimiento personal basado en el trabajo y la iniciativa privada.

4. Ausencia de un proyecto definido y común de país

Ausencia de un proyecto definido y común de país
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En contraste con los padres fundadores de los E.U.A, y debido a las ya mencionadas élites locales y regionales, no hubo un proyecto de nación común a toda la región latinoamericana. Sin conexiones económicas sólidas e importantes, con comunicaciones escasas o nulas, y sin intereses de poder unificados, cada élite oligárquica regional se apresuró a consolidar y aislar su poder del del resto de sus pares locales a fin de evitar pugnas de poder potencialmente catastróficas para ellos mismos. Las ambiciones máximas de estas oligarquías se limitaban simplemente a ocupar el lugar de los españoles peninsulares en los más altos puestos de poder político y económico, y a continuar viendo a las nuevas naciones latinoamericanas como botines personales que debían ser saqueados hasta la extenuación total.