Así era México en las Eras del Hielo, y tú no lo reconocerás

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Nada permanece quieto nunca, ni en la Tierra ni en todo el universo, y prueba de ello son las violentas fluctuaciones en el clima global que nuestro planeta sufrió durante 4 mil años, y que terminaron hace apenas 10 mil; tan poderosas fueron que incluso el actual cambio climático palidece ante los muy profundos cambios que los climas y los ecosistemas de la Tierra atestiguaron en ese entonces, y México no fue ni de lejos ajeno a esos choques modificadores de su naturaleza.

Nuestro país fue tan golpeado por los casquetes polares que venían avanzando desde el norte que hoy en día el clima nacional es, ampliamente, muy distinto del que prevaleció en las Edades del Hielo, y por tanto la naturaleza mexicana también sufrió severas modificaciones que, si un mexicano pudiese viajar a lo que es hoy territorio nacional en ese entonces, seguramente el viajero pensaría que está en cualquier país templado del Hemisferio norte, y no en un México que se ha calentado enormemente en los últimos 20 años.

De este modo, aquí te llevamos en un viaje por el México prehistórico de las últimas grandes glaciaciones mundiales.

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1. Tierra de gigantes

Tierra de gigantes
Muy al contrario de lo que pasa hoy en día, en aquellos tiempos la fauna mexicana recordaba mucho más a una versión templada y subtropical de la espectacular megafauna aún existente en las sabanas del África tropical, en lugares como el Serengueti, Mombasa o el cráter de Nrongoro. Desde la Cuenca del Valle de México hacia el norte, y aún en las planicies costeras nacionales (hoy tropicales), los pastizales, matorrales, sabanas y bosques hervían y se estremecían con animales gigantescos: Había 4 especies de elefantes lanudos (gonfoterios, mamuts y mastodontes), caballos americanos (entre ellos, un asno silvestre americano, y un caballo robusto de 1.50 m de alto hasta los hombros, prácticamente del mismo tamaño que un caballo de raza árabe pura), camellos (la llama cabezona y el camello del oeste), así como perezosos gigantes, capibaras (roedores de gran tamaño), osos hormigueros, armadillos del tamaño de un vocho, bisontes con cornamentas de hasta 2 m de largo, y hasta 7 especies diferentes de berrendos o antílopes americanos, junto a wapities, venados bura, borregos cimarrones, venados cola blanca, pecaríes de cabeza plana (del doble de tamaño que los actuales) y castores de 2.7 m de largo por 85 cm de alto. Estos animales eran depredados no sólo por animales de tiempos históricos muy recientes como pumas, jaguares, lobos mexicanos, osos negros americanos u osos plateados, sino también por cuones (especie de perros silvestres extinta en América, pero aún con vida en el Lejano Oriente), lobos huargos (uno de los animales más comunes en las Edades del Hielo en Norteamérica, de 80 cm al hombro y 80 kg de peso), tigres colmillos de sable y dientes de cimitarra, guepardos americanos (parecidos a pumas moteados, del tamaño de una leona actual pero más esbeltos), leones americanos (25% más grandes que un león actual), así como gigantescos osos de las cavernas y de cara chata

2. Un país verde y húmedo

Un país verde y húmedo
Muy a diferencia de las enormes extensiones áridas y del fuerte estrés hídirico de la gran mayoría del territorio nacional, la expansión de los casquetes polares trajo para lo que sería territorio mexicano cambios climáticos sumamente benéficos que hacían un país muy diferente al actual. Para empezar, el descenso en el nivel del mar amplió la superficie territorial nacional al quedar por encima del mar grandes extensiones del litoral del Pacífico y, sobre todo, del Golfo de México. El enfriamiento global desplazó los climas y biomas hacia latitudes más sureñas que las actuales, y movió los frentes de baja presión hasta latitudes subtropicales típicamente áridas, llevando humedad hasta suelo mexicano, mientras que la cercanía mayor de los casquetes polares facilitó la incursión de fuertes masas de aire frío que hacían descender las temperaturas invernales hasta 12-15° C en casi todo el territorio nacional; así, el país fue casi todo húmedo, capaz de sostener vegetación forestal en al menos 80% de su territorio (el doble que su capacidad potencial actual). Lo que hoy es el Desierto Chihuahuense, por ejemplo, estaba cubierto por una vasta planicie que combinaba praderas subtropicales de altos pastos en el sur y matorrales de estepa fría dominadas por artemisas, chamizo, cola de borrego, chirrionera e izotes, los cuales frecuentemente formaban sabanas abiertas en las que crecían árboles como el encino, enebro, pinos, abetos, y pinabetes, éstos últimos muy abundantes por todo México, en contraste con la actualidad; de hecho, se han llegado a encontrar pólen de pinabete de Martínez y de pinabete chihuahuense en municipios conurbados del Edomex, más de mil kilómetros al sur de su distribución actual. El Desierto Sonorense se tornó en florestas, matorrales y bosques de tipo mediterráneo, cubiertos de artemisa californiana, chamizo, salvias, manzanitas, toyón, trigo de California, encinos costeros, robles del Valle, robles azules, abetos blancos y pinos como el gris, monoaguja, el piñonero, del azúcar, ponderosa y de Jeffrey, árboles que sólo viven en México hoy dentro de las serranías del extremo noroeste de Baja California.

3. Las zonas tropicales se retiran y quedan aisladas

Las zonas tropicales se retiran y quedan aisladas
De especial relevancia para el país resultó la contracción de las selvas tropicales siempre verdes hacia un estrecho cinturón de 5° alrededor del Ecuador, así como en pequeños baluartes disjuntos más hacia el norte y hacia el sur, En México, sólo algunos puntos en las tierras bajas de Tabasco, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y la Península de Yucatán aún sostenían vegetación tropical, la cual, salvo uno pocos reductos en la frontera con Centroamérica, era fundamentalmente de selva baja caducifolia y sabana tropical, la cual estaba infiltrada por numerosos miembros de géneros templados, tal como lo muestra la existencia actual relictual de encinos tropicales o pinos caribeños en la planicie costera del Golfo o el litoral caribeño al día de hoy.

4. Expansión de la flora templada norteamericana hacia el sur

Expansión de la flora templada norteamericana hacia el sur
A pesar de que se ha probado que la expansión de la flora templada del norte de nuestro continente se estableció en México tan antiguamente como desde hace 40 millones de años, es muy claro que ésta sufrió un segundo gran empujón hacia nuestro país usándolo como una especie de refugio glacial paralelo al del extremo sur de los Apalaches y al de la planicie costera norteamericana del Golfo. Así, especies con una distribución relictual actual muy restringida como el arce mexicano, el haya americana, el nogal cimarrón, las magnolias, el manzanillo, el liquidámbar o el sicómoro estuvieron ampliamente distribuidos en nuestro país durante esos 4 mil años de placas glaciares que avanzaron tan al sur como la actual ciudad de Nueva York. De ese modo, grandes extensiones de la Sierra Madre Oriental, el Eje Volcánico Mexicano, la Altiplanicie Mexicana y la costa nacional del Golfo de México, además de las tierras altas de Guerrero, Oaxaca y Chiapas debieron haber estado cubiertas de bosques templados caducifolios, aunque más cercanos con el bosque mesófilo de montaña moderno debido a la alta humedad procedente del mar, la existencia de epifitas, así como de flora templad relictual como el palo zopilote o el guayabillo; dichos bosques mesófilos contenían, eso sí, una cantidad mucho menor de asociados tropicales que hoy en día (aún en el sur), y además incorporaban especies ya desaparecidas del México moderno como el liriodendro, el castaño, el falso abeto, el ciprés calvo y el alerce.

5. Cambios en la zonificación de la vegetación por altura

Cambios en la zonificación de la vegetación por altura
El aumento general del frío y la humedad trajo consigo el derrame de la vegetación templada de montaña hacia los valles y llanuras de lo que sería territorio mexicano, y éstas últimas se cubrieron con sabanas y bosques mixtos de encinos y de pino-encino, como los que aparecen actualmente a partir de los 1,500 m. de altitud; de hecho, en el norte del país, e incluso localmente hacia el sur, la existencia de florestas de árboles muy tolerantes al frío como abetos y pinabetes era sumamente común, y se piensa que la existencia relictual de las actuales especies mexicanas obedece a una gran expansión durante las Eras del Hielo, y que el posterior aumento global de temperaturas las eliminó de todos lados menos de unos pocos puntos en las montañas del norte mexicano, De este modo inferimos que la Sierra Madre Occidental estaba cubierta por vegetación más parecida a la que existe hoy en elevaciones bajas y medias de las montañas Rocallosas, con especies tanto aún existentes como otras ya desaparecidas de suelo mexicano.

6. Praderas templadas y sabanas de pinos

Praderas templadas y sabanas de pinos
Las praderas, del norte hasta las costas de Veracruz y de Michoacán, estaban conformadas por pastos y matorrales tanto subtropicales como templados, y contenían florestas abiertas en forma de parques, de compósición variada, pero que incluían encinos, pinos, enebros y, en el norte así como en la altuplanicie del centro, abetos y pinabetes. Estos ecosistemas eran, junto con los matorrales esteparios fríos, los ecosistemas preferidos por a megafauna para pastorear y cazar, pues la mayor parte de dichos animales estaban condicionados para la carrera veloz, o bien poseían un tamaño lo suficientemente grande para disuadir a sus depredadores, aún si eran fácilmente visibles en terrenos abiertos como estos.
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