Esta es la verdedera historia detrás de la leyenda de Drácula

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Se dice sabiamente que han habido buenos hombres que han sido pésimos gobernantes, y de hombres perversos que han sido extraordinarios soberanos, y la historia así lo prueba; uno de los más grandes ejemplos del último tipo de "príncipes" (como los llamaba Nicolás Maquiavelo) es el de Vlad III, voivoda (gobernante) de Wallachia, en lo que hoy es el área central de Rumania, en el corazón de los Cárpatos y Transylvania (la tierra más allá del bosque).

Guerrero nato, estadista, estratega y, según algunos, hasta alquimista, este hombre logró enormes beneficios para su nación y, al mismo tiempo, fue culpable  de terribles actos sangrientos que, aún así, fueron resultado de su época y absolutamente necesarios para lograr la estabilidad interna, repeler al invasor turco, y reforzar la ley, la justicia y el estado de derecho (cosa que él sí logró y los itamitas neoliberales mexicanos jamás han podido hacer). En esta oportunidad revisamos unos muy breves puntos por los cuales era conocido como un hijo del demonio, un genocida y un hombre célebre por una crueldad al menos a la par de la de la delincuencia organizada nacional de este siglo.

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1. Eterno enemigo del turco

Eterno enemigo del turco
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Vlad fue el último bastión de la cristiandad en los Balcanes (sureste de Europa) luego de la caída del Imperio Bizantino. Su cautiverio durante su niñez y asolescencia en la corte turca para asegurar la lealtad de su padre al sultán como estado vasallo, así como el disgusto de Vlad III por las extravagantes y libertinas prácticas sexuales turcas hicieron que jurara rechazar siempre al turco hacia el sur del Danubio, y lo logró. Aún con un ejército 3 veces menor al turco, nu8nca perdió una sola batalla, y de hecho, una vez ordenó empalar a 20 mil prisiooneros turcos en el campo de batalla,y desayunó bajo lso cuerpos sangrantes. Cuando el sultán Mehmed II vió horrorizado ese macabro espectáculo él y su acobardado ejército dieron media vuelta y huyeron con la cola entre las patas, Vlad ganó una enorme victoria así sin lanzar una sola flecha o desenvainar una sola espada.

2. Reforzador de la ley despíadado

Reforzador de la ley despíadado
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Quizá lo que hoy México necesite más sea un Vlad nacional, pues este personaje aplicó siempre la ley al pie de la letra. El castigo a los ladrones era la decapitación, el desuello o el empalamiento. En una ocasión, tras haber comprado una gran cantidad de bienes a un comerciante, el gobernante wallachio le pidió que contase el dinero con calma; cuando el comerciante le dijo que sobraba una moneda de oro, Vlad contestó complacido que se la quedara, y que su honestidad lo había salvado de ser desmembrado por ladrón.

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3. Implacable con sus enemigos

Implacable con sus enemigos
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Aparte de gozar empalando por el ano a prisioneros de guerra turcos (a los cuales aplicaba este castigo en burla de las costumbres homosexuales de sexo anal muy practicadas en la corte turca de la época), Vlad fue célebre por haber mandado decapitar en vivo a 2 mil cautivos sajones que se habían levantado en revuelta popular por considerarse habitantes de étnia germánica situados aparte por religión y cultura de la mayoría de los súbditos de Wallachia y, por tanto, no sujetos a las ordenanza del príncipe.

4. Exterminador de las lacras sociales

Exterminador de las lacras sociales
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Wallachia pronto se volvió una anomalía para la época y el lugar por la carencia de ladrones, limosneros, vagabundos, menesterosos y otros parias sociales que eran moneda corriente en la Europa del siglo XV, y que contribuían fuertemente a la inseguridad y la fealdad del paisaje de ciudades y villas del Viejo Continente. Lo que Vlad hacía era invitarlos libremente a banquetes repletos de la mejor comida y bebida posibles, y cuando éstos se sentían demasiado borrachos y gordos, cerraba toda salida y prendía fuego al recinto, eliminando a los pobres definitivamente.