Obras maestras de la evolución

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Ojos, alas, cabezas; la naturaleza está llena de estructuras sorprendentemente complejas. Desde las diminutas criaturas marinas hasta los seres humanos, todos cuentan con los mismos genes constructores de cuerpos, lo que revela la secuencia evolutiva a partir de principios simples hacia formas intrincadas. El padre de la evolución fue un papá en apuros: pocas cosas afligían más Charles Darwin  que tener que explicar cómo se crearon las estructuras más complejas de la naturaleza, como el ojo. Hasta ahora los biólogos comienzan a entender la complejidad de los orígenes de la vida: el ingenioso y delicado mecanismo óptico del ojo, la ingeniería magistral del brazo, la arquitectura de una flor o de una pluma de un ave, la corografía que permite que billones de células sumen esfuerzos en un solo organismo. La respuesta básica es clara: de una u otra manera, todas estas maravillas evolucionaron. Sin embargo, a casi 150 años de que Darwin planteara esta magnífica idea al mundo, en el origen de las especies.

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1. Pingüino rey

Pingüino rey
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Esta cría de pingüino tiene la misma infraestructura genética para formar las plumas y aletas especializadas que tendrá de adulto.

2. Mántido

Mántido
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La parte inferior de un mántido revela las complejas estructuras que la evolución añadió a sus ancestros más simples: ojos compuestos, extremidades con espinas y dos tipos de alas.

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3. De una célula a billones

De una célula a billones
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El cuerpo humano está formado por aproximadamente 10 billones de células- unidades de vida carentes de cerebro, las cuales se agrupan para funcionar como un conjunto unificado.

4. Desarrollo

Desarrollo
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La forma compleja de un animal surge conforme se desarrolla su embrión. Los embriones tempranos de tres vertebrados, un pez, un pollo, y un ser humano, tienen un aspecto muy parecido.