¿Seríamos un país desarrollado si aún tuviéramos el territorio perdido contra EUA?

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Este escrito no pretende ser exhaustivo, y mucho menos en una entidad como la Ciudad de México, tan compleja y contradictoria en todo su ser, y especialmente en la distribución de la áreas socioeconómicas tan variopintas que la componen, donde la riqueza y la pobreza extremas frecuentemente conviven una junto a la otra, por favor, si tienen comentarios que pudieran mejorar este artículo estaremos felices de leerlas, gracias.

 

 

La anterior pregunta es una que frecuentemente se hace la gente común en México, casi siempre con tintes retóricos populistas, patrioteros y ultranacionalistas, referente a la pérdida de poco más de la mitad del territorio nacional heredado del virreinato español tras concluir una serie de movimientos de independencia en 1821, y que, como la mayor parte de nuestra historia nacional, está llena de mitos.

 

El más recurrido es en la creencia sempiterna (apoyada por la creencia popular bastante sesgada), de que la riqueza es generada por la abundancia de recursos naturales y territorio de una nación, lo cual, evidentemente, es un mito total, o de lo contrario naciones como Colombia, Brasil o las Filipinas serían de los países con mayores índices de PIB, renta per cápita, desarrollo humano e igualdad en el Mundo.

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1. ¿Seríamos un país desarrollado si aún tuviéramos el territorio perdido contra EUA?

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La realidad es que el territorio septentrional anexado por los estadounidenses tras la conclusión de la guerra mexico-norteamericana en 1847 era una enorme extensión casi prístina de estepa semi – árida, praderas templadas de pastos cortos, macizos montañosos con bosques templados de coníferas, bosques templados deciduos así como matorral mediterráneo, habitada por grupos indígenas nómadas sumamente belicosos, que desde la ocupación española solían asolar y saquear los asentamientos coloniales y, posteriormente, mexicanos ante la poca y escasa presencia de guarniciones bien pertrechadas pero, sobre todo, numerosas para acabar con ese factor de inseguridad a la vida civilizada, y que fueron tratadas con políticas inmisericordes de exterminio por parte del ejército y gobiernos estadounidenses para hacer posible la paz en los nuevos territorios anexados a dicha sociedad occidental desarrollada.

2. ¿Seríamos un país desarrollado si aún tuviéramos el territorio perdido contra EUA?

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Más allá de los pocos asentamientos coloniales, fundados a partir de misiones jesuitas y franciscanas a lo largo del siglo XVII, y pobladas por algunos pocos miles de personas dedicadas a la ganadería extensiva y la agricultura de granos, así como de algunos cultivos de tipo mediterráneo, esa enorme extensión de territorio permaneció no sólo aislada de los mercados nacionales, inconexos en buena medida unos de otros durante casi todo el siglo XIX en México, sino que no existía la población necesaria para hacerlos productivos.

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3. ¿Seríamos un país desarrollado si aún tuviéramos el territorio perdido contra EUA?

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España contó con fuerza y ambición para colonizar sus territorios americanos, pero jamás con la población necesaria para asegurarle una ocupación sólida capaz de repeler las ambiciones expansionistas tanto norteamericanas como de otras potencias europeas, a diferencia de lo que ocurrió con Inglaterra y los Estados Unidos tras su independencia

4. ¿Seríamos un país desarrollado si aún tuviéramos el territorio perdido contra EUA?

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Dicha tendencia continuó tras el surgimiento de México como nación independiente: Nadie deseaba ir a colonizar territorios muy alejados del gobierno federal y los mercados regionales centrales, en tierras que, como ya se ha comentado, no ofrecían ninguna garantía a la seguridad personal y de los bienes de aquellos que deseaban adentrarse hacia el norte del país en el “camino de tierra adentro”, única comunicación con las regiones más habitadas de la nueva nación independiente, extremadamente mal conectada entre sus regiones ante la casi total ausencia de caminos, su profunda inseguridad, lo mal construidos y mantenidos que estaban, además de la ausencia de vías fluviales amplias y navegables, sin mencionar la casi total inexistencia de comunicación por mar en puertos con una infraestructura adecuada para ello, como sí sucedía en Europa.